¿normales o anormales?


«Lo que parece anormal en la vida es completamente normal en el arte»

Oscar Wilde

Normalidad/anormalidad, salud/patología, funcionalidad/disfuncionalidad, equilibrio/desequilibrio. ¿Son estos estados imprecisos y cambiantes? ¿Qué variables están afectadas? ¿Dónde está la fina línea divisoria que aconseja o desaconseja las intervenciones terapéuticas?

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Siguiendo los modelos propuestos por Flores Palacios y Díaz Cervantes (2000) podríamos distinguir lo que se considera normal (saludable/funcional) o anormal (patológico/disfuncional) desde distintos enfoques o puntos de vista:

Desde el modelo sociocultural estos conceptos se vinculan al contexto, los valores y creencias de cada cultura. De manera que los factores ambientales, el momento histórico, los aspectos socioculturales, entre otros, determinan la consideración de qué son conductas, emociones o cogniciones normales o anormales distinguiendo así entre algo saludable o patológico.

Los factores ambientales, el momento histórico, los aspectos socioculturales, entre otros, determinan la consideración de qué son conductas, emociones o cogniciones normales o anormales.

El modelo legal considerada normal todo aquello que está dentro de la normativa y es legal y permitido mientras que lo anormal se asocia a aquellos comportamientos o conductas no permitidas y prohibidas.

El modelo ideal propone lo normal y saludable como aquello óptimo, completo, perfecto y lo patológico como aquello imperfecto, incompleto, no deseable.

El modelo estadístico aborda la normalidad y la anormalidad en función de términos cuantificables, es decir, de medidas que aporten la medición de variables, sean rasgos de personalidad, puntuaciones de trastornos, etcétera. Se considera normal aquello que está dentro de la media y es frecuente, en tanto que se considera anormal o patológico aquello que es infrecuente o extraño y que se aleja de la media.

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El modelo clínico se fundamenta y asocia con conductas y estados de equilibrio y funcionalidad para los estados normales y desequilibrados, disfuncionales y desadaptados para los anormales.

Y por último, el modelo médico que pone el énfasis y definición de estos conceptos en los estados fisiológicos y biológicos del cuerpo. Siendo la normalidad un estado de salud donde el organismo se encuentra homeostático y un estado patológico o anormal cuando el organismo pierde esa homeostasis.

Estos modelos son aproximaciones desde diferentes puntos de vista al binomio normalidad/anormalidad y nos conducen a preguntarnos: ¿Por qué es necesario someter a examen permanente estas concepciones? Entre los motivos que nos obligan a esta revisión podríamos destacar:

Criterios de normalidad para una cultura determinada pueden ser considerados anormales o disfuncionales para otras.

  1. La humanidad interactúa cada vez más de una manera global. Esto supone que existen interacciones constantes entre diferentes culturas que además están en constante flujo y movimiento. Criterios de normalidad para una cultura determinada pueden ser considerados anormales o disfuncionales para otras.
  2. El punto de vista legal se asocia inevitablemente con el cultural, de manera que lo que en una determinada sociedad podría ser considerado una conducta patológica o anormal (violencia de género, sumisión según castas sociales…) y, por tanto, no permitido o ilegal, en otras culturas es considerado absolutamente normal.
  3. Los avances constantes en medicina hacen necesario una revisión periódica de lo funcional y lo disfuncional, de lo saludable y de lo patológico pues a la luz de descubrimientos en la investigación de aspectos fisiológicos o anatómicos podemos poner en tela de juicio determinados diagnósticos e intervenciones.
  4. De la misma manera el modelo estadístico se muestra en continuo crecimiento dada la aparición de nuevas medidas cada vez más fiables y válidas que pueden llegar a corregir los estándares de normalidad o anormalidad.

Por todo ello, tal y como proponía al inicio de la presente reflexión, la consideración de normalidad/anormalidad se refiere a comportamientos humanos cuya valoración es imprecisa y cambiante, lo que puede llevarnos a decidir llevar a cabo una intervención terapéutica o no hacerlo. Las evaluaciones psicológicas clínicas han de ser exhaustivas, completas, detalladas y muy precisas. En ellas se deberían incluir criterios médicos y clínicos, ayudados por la potencia psicométrica y teniendo en cuenta todos los factores socioculturales, ambientales y psicosociales, tanto del paciente/cliente como del terapeuta que lleva a cabo la intervención.

Parafraseando a Oscar Wilde… la anormalidad «…es de hecho la única cosa de la vida completamente normal en el arte».

Gracias por tu atención,

javi martínez
territoriosati.es

Referencias

Palacios, F. F., & Cervantes, J. A. D. (2000). Normalidad y anormalidad: esquemas dicotómicos de la representación social en un grupo de profesionales de la salud mental. Revista Polis1, 247-262.

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